Posted lunes junio 01, 2020 by Maria Luisa Fornies

Mi suegra es una mujer de carácter fuerte que vive SOLA en su casa de toda la vida. Es una vivienda de planta baja con jardín en un pequeño pueblo de Baviera, en Alemania, un pueblo tan pequeño que en España lo llamaríamos una aldea. Se llama Maria Böck y tiene 95 años, cerca ya de los 96. Se mueve lentamente, un poquito encorvada y utiliza para deambular por la casa un andador de cuatro ruedas, tan útil que hubo que comprarle otro para fuera de casa, el jardín y las salidas a la calle. Vive sola desde que su marido falleció hace ahora 10 años.

Yo me llamo Marisa, soy española y vivo en España y estoy casada con el hijo menor de Maria Böck. Hans tiene nacionalidad alemana y lleva viviendo en España desde 1982. La mayor de los hermanos de Hans es una mujer que vive a unos 30 kilómetros y el otro es un hombre que vive a unos 100 kilómetros de la casa familiar. A pesar de la distancia física, María Böck cuenta con el apoyo de sus tres hijos. Cada uno en función de sus posibilidades. Pero ella vive sola en su casa familiar, dentro de su HEIMAT (hogar) sin perder ni el desarraigo local y sin tener que abandonar su hogar. TAN QUERIDO PARA ELLA.

Para mi ha sido muy revelador e interesante poder vivir Alemania desde el hogar de una familia alemana. Conozco Alemania a través de la vida y las costumbres de mi familia política y de los amigos de Hans. He podido comprender que son costumbres diferentes, ritmos de vida diferentes y mentalidades diferentes. Algunas me parecen admirables y otras no. Hay de todo.

Me siento privilegiada porque mi familia política alemana me ha aceptado como a un miembro más. Me siento querida y respetada y me llaman por mi nombre y también me conocen como la española.

Desde que conozco a Hans vamos a Alemania de forma regular todos los años, y si podemos dos veces al año. En Navidad y unos 15 días en verano, ahí solemos pasar nuestras vacaciones. Desde siempre, nuestra casa en Alemania es la casa de mi suegra, allí me siento a gusto. Me adapto fácilmente a los nuevos horarios y a las nuevas formas de cocinar y de vivir el ocio dentro de la casa y fuera de la casa. Desde este escenario he observado la evolución del ciclo vital de María Böck, mi suegra. Admiro sin reservas el sistema de cuidado que tiene, que que la permite vivir sola y con la calidad de vida suficiente para no echar en falta nada de nada.

Además, recalco que he vivido en primera persona la toma de decisiones de la familia para el cuidado de Maria en el hogar, porque la familia ha aprovechado nuestra estancia en Alemania para organizar el inicio del cuidado en casa de mi suegra, en diciembre del año 2010. Sin su marido, vimos que ella sola no podría cuidar de sí misma. Respecto a la residencia, mi suegra dice, y son palabras textuales, «eso no está hecho para mi”. Con ese carácter que la define, Maria se niega en rotundo no solo a ir, sino ni siquiera a oír hablar de las residencias.

En la zona de mi suegra hay una organización religiosa, que se llama LA DIACONI y es una empresa sin ánimo de lucro. Regentan todo un mundo de servicio para mayores y también atienden a personas con minusvalías cognitivas dentro de un edificio grande con módulos de apartamentos, donde viven grupos pequeños de personas.

Para las personas mayores tienen un servicio de atención a domicilio, como el que tiene mi suegra contratado. También te llevan comida a casa, si lo solicitas.

En el momento en el que hicieron cargo del cuidado de mi suegra, visitaron la casa y nos dieron las instrucciones necesarias para la adaptación de la vivienda. Hubo que levantar la cama para que solo apoyándose en el andador pudiera levantarse y acostarse sola. En el baño pusimos un elevador en la tapa del váter, asideros para agarrarse… todo con el fin de poder levantarse y sentarse sola. Retiraron las alfombras del pasillo y de la cocina. Instalaron la teleasistencia. Nos dejaron también un archivador donde cada trabajador/a apunta lo que ha hecho antes de marcharse. Con esas anotaciones elaboran la factura cada mes.

El cuidado de mi suegra requiere una atención total, que va desde la limpieza de la casa, la higiene personal, la comida realizada en el propio domicilio y junto a ella, atención y control a la ingesta de medicamentos, limpieza de heridas – si las hubiera, control de la presión arterial, llamar a una ambulancia si es necesario, llamar a su médico de cabecera para la consulta de un tratamiento que no es eficaz, etcétera…  Ah! Y dar de comer al perro.  Hay unas latas de comida que mi suegra no puede abrir y se lo dan las chicas. El resto, agua y comida seca para el perro lo hace ella misma.

Para realizar todas estas labores disponen de un equipo de enfermeras, de auxiliares para la higiene personal y personal de limpieza del hogar.

¿Cómo es el día a día en la casa de mi suegra?

Sobre las ocho de mañana llega una trabajadora de la DIACONI en un coche de la empresa. Llama al timbre y abre la puerta. Así avisa a María que están en la casa. Lo primero que hace es preparar el desayuno y fregar lo que haya quedado de la cena de la noche anterior. Con el desayuno en la mesa de la cocina, va al dormitorio de mi suegra y la ayuda a levantarse. Juntas, andador incluido, van al baño y ahí la realiza la higiene personal y la quita el camisón y la viste, con la ropa que previamente ha elegido mi suegra y que la auxiliar ha buscado en el armario y en los cajones, así como los complementos que ella decida llevar.

En la cocina ya está lista la mesa para comer, también con las pastillas que ha de tomar al empezar el día. Asimismo, prepara los medicamentos del almuerzo y de la cena y las distribuye en botecitos. Mientras mi suegra desayuna, la empleada de DIACONI hace la cama, limpia el baño, recoge la casa. Arregla las habitaciones que utiliza: el dormitorio, baño, pasillo y cocina-salón.  Sobre las 9:30 se marcha y se despide hasta mediodía, exactamente a las 12:00h.

A esa hora vuelve la misma persona y hace la comida que ya ha dejado medio organizada por la mañana, saca del congelador lo que necesita y se organiza ella sola. Hacen la comida juntas y una vez en la mesa la deja con el almuerzo. Después de comer, mi suegra recoge la mesa y deja los platos en el fregadero.

Sobre las 19:00h, vuelve la misma u otra persona y la ayuda a desvestirse, la pone el camisón y la prepara la cena. Allí normalmente se suele cenar pan con fiambre. La comida caliente suele ser al mediodía.

Si hay que hacer algo de enfermería, va otra persona experta, una enfermera con otro tipo de indumentaria que la de enfermera. La persona que va por las mañanas suele llevar pantalón y chaqueta azul, con en nombre de DIACONI visible.

¿Qué hacen en los momentos de urgencia?

Este es el día a día, pero también hay momentos de urgencia en los que tienen que actuar con rapidez. ¿Qué hacen? En primer lugar, hablan con su médico de cabecera, del que tienen todos sus datos, y allí le explican al médico la situación y él decide qué se debe hacer. Unas veces propone llamar a una ambulancia y se hace. En otras ocasiones él mismo la visita. Hay veces que decide cambiar el tratamiento (cambiar una medicación por otra o reducir dosis) y pide que observen cómo evoluciona tras estas modificaciones.

Cuando es una situación de gravedad y se llama a una ambulancia, este orden es el siguiente: lo primero es llamar a la ambulancia y luego se llama a la familia. Primero a la hija que vive más cerca. Cuando llega la ambulancia, el personal de DIACONI se retira.

Los vecinos apoyan en el cuidado, al igual que la familia. La hija va una vez por semana y hace compra para la semana, los vecinos la visitan y le llevan pasteles, que le gustan bastante.

Mi suegra se pasa el día leyendo, sin haber sido nunca una gran lectora porque ha tenido que trabajar duro. Ahora lee, lee, y lee. Ve la televisión, pero lee más que ve la tele. Recibe diariamente el periódico local, lo primero que mira son los fallecimientos y luego a la largo del día, el resto del periódico.

Una vida sencilla, pero en su casa, con el apoyo de un cuidado completo en casa. No es más lujosa que una habitación en una residencia, pero Maria en su hogar se siente «una reina». Goza de una atención individualizada y personalizada. Con el cariño de sus amigos, de su familia y de su entorno de toda la vida.

¿Cuánto cuesta esto?

Pues este cuidado cuesta alrededor de 2.000 euros al mes. Mi suegra tiene una ayuda del ayuntamiento por invalidez y la cuesta unos 1.600 euros mensuales.

Nosotros, cuando volvemos a España cada vez que vamos a ver a María, nos quedamos muy tranquilos porque sabemos que está en buenas manos y en ningún momento se siente sola.

María Luisa Forniés Arranz. Voluntaria de Acervo Intergeneracional