Posted lunes junio 01, 2020 by Maria Luisa Fornies

Desde aquí invito a una reflexión personal junto a mí, en la que nos aventuramos a hablar de un tema polvoriento y apartado que no puede caer en el olvido, un tema del cual desconocemos y vemos tan lejano que inocentemente pensamos que la juventud habitará entre nuestro ser toda la vida. Este tema es la vejez.

La vejez, ese proceso en el que vamos cayendo lentamente sin darnos cuenta, viendo cómo todo cambia junto al paso de los años.

Desde mis vivencias personales junto a un camino de 20 años intentando conocerme y comprender el mundo que me rodea, decidí aventurarme a la formación que dio un giro a mi vida: soy auxiliar de enfermería.

En mis años de profesión, he conocido la vida fuera y dentro de un hospital, he tenido la certeza de comprender la virtud de la buena salud y, por el contrario, la de aquellos que en ciertos momentos de su vida no pueden o lamentablemente no pudieron decir nada, pues era ya tarde.

Acercándome al tema de la vejez entré a trabajar en residencias, donde descubrí el encanto de aquellas personas que viven en estos recintos. No siempre trabajé en las mejores condiciones, pero siempre lo hice para que a ellos no les faltara nada, a pesar de las circunstancias que por la espalda me surgían. Frente incluso al acoso laboral, dibujé sonrisas en mi cara, para regalárselas cada mañana. Todavía recuerdo salir llorando, pues la situación laboral era dura, y debida la falta de personal y la carga de trabajo, los fantasmas de mi cabeza me comían, diciéndome que podría haber dado más de mí.

No es y jamás será una excusa, quizá necesitaba algo más de entrenamiento… … Pero las labores que realizaba ocupaban tristemente más porcentaje, que aquellas personas entrañables, y ciertamente a veces algo cabizbajas.

Desde aquí ánimo, a valorar, amar, mimar, hablar, y escuchar a las personas de cuya generación jamás conocimos, pues ellos, son nuestra fuente de historia, de sabiduría, de recuerdos, anécdotas narradas, como algún día lo seremos nosotros para aquellos que no existen, pero existirán.

  Alba Bustillo Rodríguez -Voluntaria de Acervo Intergeneracional